sábado, 9 de junio de 2007
“Discípulos y misioneros de Jesucristo”
La primera invitación que Jesús hace a toda persona que ha vivido el encuentro con Él, es la de ser su discípulo, para poner sus pasos en sus huellas y formar su comunidad. ¡Nuestra mayor alegría es ser discípulos suyos! Él nos llama a cada uno por nuestro nombre, conociendo a fondo nuestra historia para convivir con Él y enviarnos a continuar su MISION.
Todos en la Iglesia estamos llamados a ser discípulos y misioneros. Es necesario formarnos y formar a todo el Pueblo de Dios para cumplir con responsabilidad y audacia esta tarea.
La alegría de ser discípulos y misioneros se percibe de manera especial donde hacemos comunidad fraterna. Estamos llamados a ser Iglesia de brazos abiertos, que sabe acoger y valorar a cada uno de sus miembros. Por eso, alentamos los esfuerzos que se hacen en las parroquias para ser “casa y escuela de comunión”, animando y formando pequeñas comunidades y comunidades eclesiales de base, así como también en las asociaciones de laicos, movimientos eclesiales y nuevas comunidades
Nos proponemos reforzar nuestra presencia y cercanía. Por eso, en nuestro servicio pastoral, invitamos a dedicarle más tiempo a cada persona, escucharla, estar a su lado en sus acontecimientos importantes y ayudar a buscar con ella las respuestas a sus necesidades. Hagamos que todos, al ser valorados, puedan sentirse en la Iglesia como en su propia casa
Al reafirmar el compromiso por la formación de discípulos y misioneros, esta Conferencia se ha propuesto atender con más cuidado las etapas del primer anuncio, la iniciación cristiana y la maduración en la fe. Desde el fortalecimiento de la identidad cristiana ayudemos a cada hermano y hermana a descubrir el servicio que el Señor le pide en la Iglesia y en la sociedad.
En un mundo sediento de espiritualidad y concientes de la centralidad que ocupa la relación con el Señor en nuestra vida de discípulos, queremos ser una Iglesia que aprende a orar y enseña a orar. Una oración que nace de la vida y el corazón y es punto de partida de celebraciones vivas y participativas que animan y alimentan la fe.
Jesús invita a todos a participar de su misión. ¡Que nadie se quede de brazos cruzados! Ser misionero es ser anunciador de Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares donde el Evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, en especial, en los ambientes difíciles y olvidados y más allá de nuestras fronteras.
Seamos misioneros del Evangelio no sólo con la palabra sino sobre todo con nuestra propia vida, entregándola en el servicio, inclusive hasta el martirio. Jesús comenzó su misión formando una comunidad de discípulos misioneros, la Iglesia, que es el inicio del Reino. Su comunidad también fue parte de su anuncio. Insertos en la sociedad, hagamos visible nuestro amor y solidaridad fraterna y promovamos el diálogo con los diferentes actores sociales y religiosos. En una sociedad cada vez más plural, seamos integradores de fuerzas en la construcción de un mundo más justo, reconciliado y solidario.
Al terminar la Conferencia de Aparecida, en el vigor del Espíritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que, unidos, con entusiasmo realicemos la Gran Misión Continental. Será un nuevo Pentecostés que nos impulse a ir, de manera especial, en búsqueda de los católicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo, para que formemos con alegría la comunidad de amor de nuestro Padre Dios. Misión que debe llegar a todos, ser permanente y profunda.
Esperamos…
1. Ser una Iglesia viva, fiel y creíble que se alimenta en la Palabra de Dios y en la eucaristía.
2. Vivir nuestro ser cristiano con alegría y convicción como discípulos-misioneros de Jesucristo.
3. Formar comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción misionera.
4. Valorar las diversas organizaciones eclesiales en espíritu de comunión.
5. Promover un laicado maduro, co-responsable con la misión de anunciar y hacer visible el Reino de Dios.
6. Impulsar la participación activa de la mujer en la sociedad y en la Iglesia.
7. Mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres.
8. Acompañar a los jóvenes en su formación y búsqueda de identidad, vocación y misión, renovando nuestra opción por ellos.
9. Trabajar con todas las personas de buena voluntad en la construcción del Reino.
10. Fortalecer con audacia la pastoral de la familia y de la vida.
11. Valorar y respetar nuestros pueblos indígenas y afrodescendientes.
12. Avanzar en el diálogo ecuménico “para que todos sean uno”, como también en el diálogo interreligioso.
13. Hacer de este continente un modelo de reconciliación, de justicia y de paz.
14. Cuidar la creación, casa de todos en fidelidad al proyecto de Dios.
15. Colaborar en la integración de los pueblos de América Latina y el Caribe.
Trabajo en parejas: Lee nuevamente los compromisos adquiridos en la V Conferencia Episcopal y elijan los 4 que mas les llamen la atención. Coméntelos y discutan de que manera nosotros, como cristianos que vivimos en comunidad, podemos comprometernos con ellos y como lo hago parte de mi vida espiritual y de acción sabiendo lo difícil que es puesto que vivimos inmersos en una sociedad compleja e individualista.
Puesta en Común: Compartiremos lo conversado anteriormente en parejas, con todos nuestros hermanos de comunidad.
Oración Final:
Señor Jesucristo
Camino, Verdad y vida,
Rostro humano de Dios
Y rostro divino del hombre,
Enciende en nuestros corazones
El amor al Padre que esta en el cielo
Y la alegría de ser cristianos.
Ven a nuestro encuentro
Y guía nuestros pasos
Para seguirte y amarte
En la comunión de tu Iglesia,
Celebrando y viviendo
El don de la Eucaristía,
Cargando con nuestra cruz,
Y urgidos por tu envío.
Danos siempre el fuego
De tu Santo Espíritu,
Que ilumine nuestras mentes
Y despierte entre nosotros
El deseo de contemplarte,
El amor a los hermanos,
Sobre todo a los afligidos,
Y el ardor por anunciarte
Al inicio de este siglo.
Discípulos y misioneros tuyos,
Queremos remar mar adentro,
Para que nuestros pueblos
Tengan en Ti vida abundante,
Y con solidaridad construyan
La fraternidad y la paz.
Señor Jesús, Ven y envíanos!
Maria, Madre de la Iglesia,
Ruega por nosotros.
Amen.
lunes, 4 de junio de 2007
PAUTA REUNIÓN 01/06/07
REUNIÓN COMUNIDAD ABBÀ PATER
01 de junio de 2007
A despertar el apetito
Oración
Quiera Dios que esta reunión contribuya a avivar en nosotros, un espíritu de justicia social, de amor benévolo, un hondo sentido de colaboración y progreso para que nuestra tierra sea una copia feliz del Edén.
Lectura
La lucha social es demasiado evidente, y frente a este hecho caben tres actitudes:
La primera, la de los que fomentan esa contienda y hacen de la lucha un instrumento de reforma social. Azuzan el odio de clases, encienden la hoguera y aspiran a poner a los que hoy poseen a los pies de los que hoy obedecen. Tal actitud no podemos aceptarla. Los hombres no podemos considerarnos enemigos. Somos hermanos
Otra actitud es la de los que se abstienen en la pelea, más aún, se despreocupan de ella. Hay quienes llegan a erigir en sistema su indiferencia: innumerables son los que al menos en la práctica se cruzan de brazos, indolentes ante el porvenir, desinteresados del bien común, del progreso, de la justicia social, del bienestar de sus hermanos. Poseen bienes y gozan de ellos. ¿Quién les ha ordenado encargarse de sus hermanos? Y si después de ellos viene el diluvio, ¡qué importa! Muchos así proceden no por malicia sino por desconocimiento de los hechos, por falta de reflexión de la doctrina. Hay en ellos más ignorancia que malicia.
Hay una tercera actitud, la actitud católica, que no es de lucha ni de abstención, sino d sincera colaboración social; su meta es realizar en la práctica la verdadera y auténtica fraternidad humana.
La Iglesia tiene una doctrina social bien precisa, que tiene como aspiración sustancial la elevación del proletariado, la difusión de la mayor suma de bienes al mayor número de ciudadanos, la convivencia pacífica de los hombres en espíritu de colaboración social.
Para que esta doctrina penetre en el alma de los católicos y se traduzca luego en realidades, se impone, antes que nada, despertar en ellos sentido social. Él es previo a las realizaciones sociales y aún a la cultura social: tiene el valor del apetito; si éste no se despierta, ¿de qué sirve preparar la comida?
Hay que derramar educación, riqueza, valores espirituales, fe, optimismo, confianza, en muchos que hoy desesperan del sentido de la vida. Esto no puede realizarse sin un hondo sentido social en aquellos que han tenido la dicha de recibir una educación y una mayor abundancia de bienes materiales y espirituales.
El católico que quiera resolver los problemas sociales como católico, necesita antes que nada una actitud católica; sin ella, por más ciencia que tenga, no tendrá la visión católica. Ésta sólo existe cuando se resuelve a mirar el problema social con los ojos de Cristo, a juzgarlo con su mente, a sentirlo con su corazón.
El sentido de responsabilidad
No se valoriza a cada cosa por su aspecto intrínseco y , por lo tanto, no se le da el sitio que le corresponde en una jerarquía de de valores bien ordenada.
El sentimiento se despierta con facilidad, pero ¡cuán a flor de tierra! Emoción pasajera que no mueva una vida. Las conversaciones corrientes son un reflejo de esa superficialidad, que denota esa falta absoluta de responsabilidad.
El aburguesamiento de la juventud; instalación de lleno en el ambiente de este mundo y pérdida total, de parte de muchos, de la visión de la eternidad en la vida y consiguientemente ansia de placer desmedida. Se ha olvidado que ella ha sido hecha no para el placer, sino para el heroísmo.
La inconstancia en el bien comenzado es consecuencia natural de esta actitud espiritual. Falta el espíritu de sacrificio para hacer frente a los compromisos en los días malos y difíciles y de ahí viene a ser que la gana es la que determina su conducta. Si hay gana se acude; si no hay, no se acude, y se abandona la obra.
¿Por qué dogmatizar? ¿Estás seguro de que al menos un 55% de tus afirmaciones son verdaderas? Y si no, ¿por qué le dices al otro, con tanto aplomo, que se equivoca? Decirle a uno que se equivoca es herirlo y si es cierto que se equivoca es herirlo dos veces.
Frases como: “Voy a probarle que esto es así”, “yo se lo demostraré”, levantan oposición desde el primer momento, equivalen a retos y la amistad no vive de retos. En cambio, si uno siente modestamente de sí, expresará también con modestia sus opiniones. Con delicadeza puede decir: Quizás me equivoque…, pero… ¿No piensa usted que…? Tal vez podríamos enfocar el problema desde este punto de vista, etc. Al confundir la sinceridad con la rudeza, se incurre en error que dificulta el trato amistoso. Sinceros siempre; jamás aceptar lo que no puede ser aceptado, pero expresarlo con modestia, con respeto a las opiniones ajenas, con temor de no haber considerado suficientemente el propio punto de vista.
“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán
Irás por el camino buscando a Dios; pero atento a las necesidades de tus hermanos.
En cualquier momento, en cualquier lugar te formularás: ¿Qué bien puedo hacer yo aquí? Y siempre encontrarás una respuesta en lo hondo de tu corazón.
Apareja el oído, los ojos y las manos, para que ninguna necesidad, ninguna angustia, ningún desamparo, pasen de largo.
Y cuando a nadie vieras en la carretera llena de huellas, que relumbra al sol, cuando el camino ya esté solitario, vuélvete inmediatamente hacia tu Dios escondido.
Si Él te pregunta dentro de ti mismo:
¿Cómo es que no me buscabas, hijo mío?
Tú le dirás:
Te buscaba, Señor, pero en los otros.
- ¿Y me habías encontrado?
- Sí, Señor; estabas en la angustia, en la necesidad, en el desvalimiento de los otros.
Y Él por toda respuesta, sonreirá dulcemente y te dirá: Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.
No pienses: sufriré
No pienses: me engañarán
No pienses: dudaré
Ve simplemente, diáfanamente, regocijadamente, en busca del amor…
No te juzgues incompleto porque no responden a tus ternuras: el amor lleva en sí su propia plenitud.
“Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor”
Las pequeñas atenciones
Tenemos un amigo, el único que se ha tomado la molestia de apuntar la fecha del cumpleaños y, estemos donde estemos, llega su tarjeta o su llamada… ¿Pequeñeces? Pero ¡cómo se agradecen! Esos pequeños sacrificios son los que vinculan las grandes amistades. En el fondo revelan un sentimiento de estima y respeto que cada uno de nosotros, tan amante de sí mismo, agradece.
Donde quiera que encontremos una sonrisa llena como el sol, sincera, franca, calurosa, la agradecemos en este mundo, en que dominan los días grises. ¡Cuantas veces tiene el poder de disipar los nublados!
Y, ¿cómo conseguir esa actitud de alegría que hay que tener en sí antes de comunicarla a los demás? Es necesario comenzar por salir del ambiente enfermizo de preocupaciones egoístas. Hay gente que vive triste y atormentada por los recuerdos del pasado, por lo que los demás piensan de él en el presente, por lo que podrá ocurrirle en el porvenir. Viven encerrados en sí mismos y, claro está, no pueden salir. Cada idea que le viene a la mente parece hundirlos más en su pesimismo. Se parecen al que se hunde en el barro mientras forcejea solo por salir. Se hundirá más y más. Necesita tomarse de una fuerza extraña, distinta, para poder salir. Que se olviden, pues, de sí y se preocupen de los demás, de hacerles algún bien y los fantasmas grises irán desapareciendo. La felicidad no depende de fuera, sino de dentro.
No es lo que tenemos, ni lo que tememos, lo que nos hace felices o infelices. Es lo que pensamos de la vida. Dos personas pueden estar en el mismo sitio, haciendo lo mismo, poseyendo igual y, con todo, sus sentimientos pueden ser profundamente diferentes.
Una leprosa a punto de morir de ciega, deshechos sus miembros por la enfermedad, escribía:
La luz me robó a mis ojos.
A mi niñez su techo,
mas no robó a mi pecho,
la dicha ni el amor.
Oración final
Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya.
Inunda mi alma de espíritu y vida.
Penetra y posee todo mi ser hasta tal punto que toda mi vida sólo sea una emanación de la tuya.
Brilla a través de mí, y mora en mí de tal manera que todas las almas que entren en contacto conmigo puedan sentir tu presencia en mi alma.
Haz que me miren y ya no me vean a mí sino solamente a ti, oh Señor.
Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar como brillas Tú; a brillar para servir de luz a los demás a través de mí.
La luz, oh Señor, irradiará toda de Ti; no de mí; serás Tú, quién ilumine a los demás a través de mí.
Permíteme pues alabarte de la manera que más te gusta, brillando para quienes me rodean.
Haz que predique sin predicar, no con palabras sino con mi ejemplo, por la fuerza contagiosa, por la influencia de lo que hago, por la evidente plenitud del amor que te tiene mi corazón.
Amén.